domingo, agosto 23, 2009

Irlanda

Con la música de Brotes de Oliva de fondo (una buena forma de rezar cuando no hay palabras para hacerlo) pensaba en cómo han ido los siete días que he estado por Irlanda. Lo cierto es que quitando el cansancio que me hace pensar que me estoy haciendo mayor, no puedo quitarme de la cabeza cómo Dublin cambió mi vida, cómo aquello que viví allí ayudó, en gran manera, a dar la forma a la Cristina que, por ejemplo, hoy escribe este blog.
Fui con Javi a Dublin, quería que descubriese de mi mano aquella ciudad mágica y yo quería descubir, también junto a él, que aquello era mucho más que recuerdos. Por eso fuimos a ver a Michael y a Mabel, mi familia (no quiero poner comillas) irlandesa. Vale, mi inglés no es ni la sombra de lo que era, pero mi sentimiento allí, mis ganas de volver, de vivirlo al máximo no han cambiado lo más mínimo sino al contrario.
Dublin sigue sin apenas nada que ver pero con todo por vivir: sus gentes, sus cervezas, sus calles, sus tiendas... Todo eso hace que Dublin, el Dublin gris y frío, siga haciendo que tenga ganas de volver de nuevo.

lunes, julio 27, 2009

Le quiero (sólo faltaba) pero tengo tantas dudas...

lunes, junio 22, 2009

El otro día tuve una conversación que llevaba tiempo esperando. Mentiría si dijera que me creo todo lo que allí se dijo. Es una pena que las personas nos empeñemos en mentir para mantener nuestra cara limpia pero es genial ver cómo las lágrimas limpian lo que todavía seguía sucio.

No, no me lo creo mucho, pero me parece un paso importante. Seguiremos caminando, espero, y esta vez con mucho mejor rollo.

Ojalá.

martes, mayo 26, 2009

A veces nos empeñamos en cosas imposibles, en viajes a la luna y en subidas y bajadas en una montaña rusa que no nos divierte sino nos marea. Entonces es la hora de renunciar al parque temático del tú para entrar en el parque íntimo del yo.

Gracias por haberlo hecho de esa manera tan tuya, tan nuestra en su momento, con risas. Y gracias por la conversación de ayer; fue, como siempre, un lujo tenerte al otro lado del teléfono.

miércoles, mayo 13, 2009

Pensaba (por fin) en la gente que he ido conociendo por este no-mundo que es internet. Es curioso cómo hay gente con la que, en tiempos, logré una cierta "intimidad", una confianza, hoy algunos de esos (y lo pongo en masculino por ese complejo de abeja reina que tengo que me hace espantar a las chicas de mi vida) son mis amigos amiguísimos (chiquitín, ¿qué haría sin ti?), otros siguen ahí, a una distancia razonable (gracias, loque ;D) pero muchos, muchísimos con los que compartí muchas muchas horas simplemente han ido desapareciendo. Hay incluso gente a la que conocí, con quien compartí charlas, risas e incluso un viaje (*) y se esfumó.

Es curioso, hoy pensaba en ello al ver la página web del curilla (*) del viaje y se me ocurría la cantidad de gente en la que vas dejando un poco de tí, un poco de todo aquello que eres; toda la gente en quien dejas caricias, abrazos, palabras y luego desaparece... Y la de gente que aparece de nuevo por su única pretensión de no ser olvidados (el otro día me llamó uno salido de quién sabe cuándo a las mil de la madrugada porque había encontrado mi número y quería saber exactamente quién era yo).

No tantos han dejado huella... (gracias a los que sí lo hicieron, por ellos, también, soy ahora quien soy)